lunes, 19 de octubre de 2009

UN GUIÓN ESCRITO EN UNA CAJA DE FÓSFOROS
Una anécdota de Roger Vadim sobre los primeros tiempos de la Nouvelle Vague.


“Un día, durante el rodaje en los estudios Billancourt, en el bar me abordó un joven vestido con una americana raída y unos pantalones que no sabría describir. Llevaba unas gafas oscuras mucho antes de que las estrellas del rock las pusieran de moda. Farfulló su nombre, que no entendí; no le pedí que lo repitiera por no parecer mal educado.
─ Tengo un papel para su mujer- me dijo.
Nunca me he negado a ayudar a los jóvenes que quieren abrirse camino en esa jungla que es el mundo del cine. Aunque el trabajo en el plató me reclamaba, saqué tiempo para hablar con él.
─ ¿Tiene un guión?
─ Sí- dijo alargándome una caja de cerillas.
No pude cazar más que la mitad de lo que me contaba.
─ Él es un matón, obsesionado por los héroes de película americana. Ella tiene acento extranjero. Vende el New York Times. No es amor verdadero, es la ilusión del amor. Acaba mal. Bueno, no; en definitiva acaba bien. O mal.
─ ¿Es ese el guión?
─ Sí. –y añadió-: He hecho documentales. Soy un genio.
He conocido montones de excéntricos, futuros genios todos ellos. Pero por alguna razón aquel tipo me convenció.
Pidió una taza de café, sacó un terrón de azúcar del bolsillo y lo dejó caer en la taza.
─ Robo azúcar en los bares- me explicó.
Tenía delante un azucarero lleno de terrones, pero, aparentemente, el azúcar robado debía de saber mejor.
─ Hablaré con Annette- le prometí.
Él señaló la caja de cerillas.
─ Enséñele el guión.
En el plató encontré a Annette.
─ Hay un tipo que quiere darte un papel.
─ ¿Quién es?
─ No lo sé, pero parece saber lo que quiere.
Mi mujer había leído en alguna parte que los grandes actores y actrices jamás aceptan un papel hasta haber leído el guión definitivo.
─ ¿Tiene un script?
─ Sí.
Le mostré la caja de cerillas. Annette se echó a reír.
─ Deberías hablar con él- insistí.
─ Me estás tomando el pelo.
Dirigí la siguiente secuencia y regresé al bar. El hombre de las gafas oscuras seguía allí.
─ Quiere leer los diálogos- le expliqué.
─ Sí, claro. Es normal.
Cogió un puñado de terrones del azucarero, se levantó, me dio las gracias y desapareció. Mi ayudante, Jean-Michel Lacor, que me estaba buscando, me preguntó:
─ ¿Le conoce?
─ No.
─ Es Jean Luc Godard.
Me supo mal no haberle dado las gracias por su reseña de Sait-on jamais? El guión que había garabateado en una caja de cerillas se convertiría en Al Final de la Escapada (A bout de Soufle), protagonizada por Jean Paul Belmondo y Jean Seberg en el papel que debía interpretar mi mujer."



Tomado del libro
Bardot, Deneuve, Fonda. Memorias de Roger Vadim.
Autor
Roger vadim
Editorial
Planeta
Publicado en
Barcelona (España)
Año
1987.


NOTAS
Sin Aliento -o Al final de la escapada- (A bout de Soufle, 1959) es la obra maestra -o por lo menos la más influyente película- de la Nueva Ola del cine francés (la Nouvelle Vague).

Roger Vadim Plemiannikov nació en París el 26 de enero de 1928 y murió el 11 de febrero de 2000. Director,guionista, actor y escenógrafo francés. Los wikipedistas -no sé si con justicia- lo despachan con la frase: "mucho más conocido por sus conquistas que por sus películas, juzgadas académicas y poco inventivas."

Su película Y Dios… creó a la mujer (Et Dieu… créa la femme, 1956) presentó al mundo a la joven y bellísima Brigitte Bardot, que se convirtió en un sex-symbol mundial de la década de los 60.

La moraleja de todo esto es que hay algunas grandes películas que fueron creadas sin un guión "escrito" como lo ordena no sé cuál ley.

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