jueves, 21 de mayo de 2009

"LA TÉCNICA NUNCA HA SIDO ENEMIGA DEL ARTISTA"

Éstas son las palabras del cineasta egipcio Yousri Nasrallah en el año 2000
luego del estreno de su primera película realizada en video digital El Medina (La Ciudad,1999). Es una de las reseñas que aparecen en el dossier de El Correo de la UNESCO: Cámaras e ingenio: nacen otros cines, sobre las nuevas olas del cine mundial al comenzar el nuevo siglo.




"La técnica nunca ha sido enemiga del artista"


"Yousri Nasrallah, cineasta egipcio. Su última película, El Medina (La ciudad), fue presentada en el Festival de Locarno (Suiza) en 1999.

¿Las nuevas tecnologías? Todos los realizadores pueden aprovecharlas, afirma el cineasta egipcio. El riesgo sería que perturbaran los circuitos de distribución."


"He rodado mi cuarto y último largometraje, El Medina, en vídeo digital, en las calles del Cairo y en París. Era el primer cineasta egipcio que realizaba una ficción con esta nueva técnica. Después del cine sonoro, el color y la aparición de la televisión, muchos estiman que el vídeo digital es la cuarta revolución en la historia del cine. Ha encontrado propagandistas de talento, como Lars Von Trier y los cineastas daneses que adhieren a su manifiesto, Dogma. ¿Sus preceptos? Filmar con la cámara al hombro, sin iluminación artificial, lo más cerca posible de la realidad. La idea sólo podía nacer en un país rico, donde los artistas para estimular su creatividad tienen que imponerse límites. A nosotros nos basta con los que supone vivir bajo un régimen autoritario y de censura fuerte. Si dejé de lado la cámara de 35 mm, no fue por aplicar un dogma, sino, al contrario, por pragmatismo. Mi presupuesto no me dejaba otra posibilidad.

No hay imagen fácil

El pragmatismo consiste en primer lugar en no lamentarse por la película que uno habría podido rodar. ¡Hay que realizarla! Por todos los medios. Me fijo un solo límite: conservar mi independencia. En mi primer largometraje, Sarikat Sayfeya (Robo de verano) en 1988, quería confiar a una vedette del star system egipcio el papel de la mujer de un terrateniente, en los años cincuenta, que detestaba a Nasser. No quiso participar. Su público, decía, no se lo hubiera perdonado. Modificar mi guión, era perder mi independencia. Rodé entonces con no profesionales: una arquitecta, una guía turística, una periodista.

Trátese de actores aficionados o de vídeo digital, una vez aceptados los imperativos que no he elegido, debo resolver los problemas resultantes. Y eso me estimula. Ahí comienza la creación.

La técnica nunca ha sido enemiga del artista. Un pintor va a probar la gouache, el óleo, la aguada… El operador jefe y yo queríamos sacar el máximo partido de nuestra cámara. Contrariamente al filme de 35 mm, el vídeo no define la profundidad del campo: cerca o lejos, la imagen es nítida. Para volver a crear planos, relieve, tratamos de añadir el mayor número posible de colores pintando muros o eligiendo tonos vivos para los trajes. El estilo visual de la película tenía que estar en consonancia con una historia de personas que se espían de un balcón a otro.

Cuando una nueva tecnología aparece, uno empieza por plantearse preguntas inadecuadas: el menor coste del vídeo, ¿va a convertir a la creación en algo banal? Está claro que la respuesta es negativa: la aparición del lápiz no uniformizó la creación literaria. Los realizadores jóvenes deben entender que no existen imágenes fáciles, sino sólo una manera más económica de abordar un problema. El temor a la estandarización a través de la técnica sigue siendo, sin embargo, una preocupación legítima. Con el vídeo digital ha surgido un efecto de moda: como las cámaras son ligeras, hay que correr y agitarse. Pero recuerden La Grande Valse, de Julien Duvivier: la cámara, del tamaño de un armario, se mueve con una ligereza increíble porque la película lo exige. De la misma manera una película de vídeo puede requerir planos fijos.

Si una inquietud despiertan las nuevas tecnologías, es en cuanto a la distribución: se habla de enviar cine a las salas vía satelite. Para las grandes producciones, proyectadas en miles de cines, el procedimiento se justifica. Pero los gigantes de las telecomunicaciones tratan de asegurarse el monopolio de este mercado. ¿Qué ocurrirá entonces con las “pequeñas” películas de los países del Sur?

El imperio de las tecnologías siempre tiene ciertos límites. Durante mucho tiempo, la televisión nos aisló. A todos: espectadores, realizadores, guionistas. Vean las fichas técnicas de las películas de Fellini o Youssef Chahine en los años cincuenta. Los autores eran numerosos. La gente tenía ganas de conocerse, de hablar sobre la vida, sobre el cine. Era magnífico. Y por todas partes, hoy día, los cineastas jóvenes se asocian, trabajan juntos, combaten el aislamiento. Se manifiesta el mismo deseo. También en mi caso: para cada película, quisiera movilizar el mayor número posible de personas."

Para leer el original pincha AQUÍ


Tomado de: EL CORREO de la UNESCO

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