lunes, 25 de junio de 2007

La revolución del video digital: alta tecnología y bajo presupuesto


Todo cambió con la llegada del último milagro de la ciencia y la tecnología audiovisual. Pocos formatos de registro audiovisual han cambiado tanto la forma de hacer películas y de verlas. No es la primera vez que la tecnología cambia de alguna forma el rumbo de la industria audiovisual: en los años setenta la llegada al mercado de las cámaras Súper 8 convirtió en algo cotidiano la realización de películas entre las familias de clase media de todo el mundo y fue cuando el término “home movies” o películas caseras se convirtió en un verdadero nuevo género cinematográfico (tan aburrido o interesante como el cine de autor europeo) En los ochenta la revolución llegó con la handycam, cuando el video sustituyó definitivamente a la película fotoquímica de los hogares y mandó al Súper 8 al museo de la nostalgia. La tercera ola tecnológica la trajo el video digital y la sustitución definitiva del video analógico: adiós VHS, bienvenido DVD. Lo más radical ha sido la creación de un formato de video digital que busca igualar la calidad de imagen del cine en formato fotoquímico: el video de alta definición y el cine electrónico. Y la consecuencia más asombrosa del video digital: la posibilidad de distribuir y exhibir una obra audiovisual a casi cualquier parte del mundo donde exista Internet (de banda ancha, por supuesto) y la democratización de la expresión por este medio. El video digital es como el papel: lo aguanta todo, desde home movies pornográficas hasta el video-arte más exquisito y conceptual, pasando por snuff movies y videoclips de roqueros malísimos, cantantes de rap de la esquina y pare usted de contar…
La única diferencia es que una hoja de papel sigue costando unos centavos mientras que una cámara de video digital sigue costando unos cuantos cientos de dólares. Me da risa cada vez que oigo decir a alguien que ahora “cualquiera” puede hacer una película con una cámara de video digital: claro, cualquiera que tenga los dólares para comprarla. Pero creo que el día de la cámara bolígrafo está cerca.

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